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La Torre del Oro de Sevilla, brillo eterno en la orilla del Guadalquivir

La Torre del Oro de Sevilla: brillo eterno en la orilla del Guadalquivir

La Torre del Oro mira al río desde hace siglos. Almohade. Defensiva. Construida en el siglo XIII para proteger la ciudad y vigilar el paso del Guadalquivir. Fue parte del gran sistema defensivo de la Sevilla andalusí, esa ciudad de puertos y saberes, puerta de entrada al mundo.

Su nombre, dicen, viene del reflejo dorado que dejaba en el agua cuando el sol la tocaba. Ese brillo que hacía de la torre un faro urbano, un emblema que se reflejaba en la corriente.

Historia y memoria

La Torre ha visto pasar todo: la Sevilla musulmana, la cristiana, la del comercio con América, la del bullicio marinero en los muelles. Sus muros guardan secretos de batallas, de barcos que subían el río cargados de tesoros y también de sueños.

Hoy sigue en pie, firme y serena, como testigo de una ciudad que nunca ha dejado de transformarse sin perder su esencia.

La Torre que florece

Yo la miro distinto. La redescubro. Y la dibujo a mi manera. Más rosada que dorada. Más libre. Más feliz.

En mi obra le he puesto rosas: símbolo de lo efímero, pero también de lo eterno. Como el arte. Como la memoria. Esas flores trepan por la torre para recordarnos que Sevilla florece siempre, incluso entre grietas.

El batik, con sus craquelados, es la metáfora perfecta de todo esto. Cada grieta marca lo vivido. Cada cicatriz embellece lo que fue. Y así, entre silencios, batallas y sueños, la Torre del Oro se convierte en reflejo del alma de Sevilla: cambiante, múltiple, pero siempre ella misma.

Qué no te puedes perder en Sevilla

La Torre del Oro se recorre rápido, pero su entorno pide quedarse. Muy cerca está el Puente de Triana, con sus vistas al río. El Archivo de Indias, donde descansa la memoria del comercio con América. El Real Alcázar, con sus patios que parecen eternos. Y la Catedral con la Giralda, que corona el horizonte.

Pasear por la orilla del Guadalquivir al atardecer, con la torre iluminada, es uno de esos momentos que se quedan grabados. Una postal viva de la ciudad.

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